miércoles, febrero 18, 2009

leyendo VII

(...)
¡No regales mi cuerpo! ¡Dime algo
en lo que pueda creer, algo inmortal!
¡Toma todo mi cuerpo! Tiene los días contados.
¡Pégale fuego ya!
Lo desearás mañana, en otros brazos, sobre otro regazo de mujer.
Yo quiero el tú más tuyo.
¿Por qué lloras?
Hambrientos y desnudos, besémonos de nuevo
cargados con el sol de desierto en desierto.
(...)
Abdel-Wahhab al-Bayati. "Poemas de amor a Astarté"

viernes, febrero 06, 2009

pérdida

Se abre una maldita mañana, quieres estar más tiempo bajo la ducha para que las lágrimas sigan confundiéndose con el agua que golpea de arriba. No estuvo nada bien lo que dijiste, lo sabías antes de que saliera de tu puñetera boca y sabías las consecuencias. Pero no supiste contar hasta 1.000 porque en ese momento te dejaste cegar por la rabia, no hace mucho que perdiste el control sobre tus impulsos verbales nacidos de la ira, pero no sabes cómo recuperarlo. No hubo dramatismo en la despedida, ese que acompaña cuando sabes que ya no vas a volver a ver a alguien a quien quieres con locura, sólo un frío adiós que antecede al rápido olvido de un dolor que no se quiere recordar, te diste la vuelta mordiendo con dureza el vacío para que en ese momento no cayeran lágrimas amargas; podías haber dado marcha atrás y haber pedido perdón, pero no lo hiciste, y sabías lo que estabas haciendo. Y ahora delante del espejo inspiras profundamente mientras dejas la mente en blanco y ensayas una cara que no delate cómo estás realmente por dentro, una vez fuera, no se permiten ciertas concesiones. E impides que salgan las últimas lágrimas que pugnan por salir, desviando la mirada del espejo, y saliendo a toda velocidad hacia la calle.